jueves, enero 20, 2011

Una Historia de Nunca Acabar


Por Kelvin Morillo
Cientos de pensamientos atormentan mi mente cada vez que veo en la televisión o en cualquier otro medio masivo de comunicación el sufrimiento de miles inmigrantes quienes por no poseer documentación en regla son perseguidos ferozmente cual hambriento animal tras su presa. La vida de estos indocumentados se ha tornado en un verdadero torbellino cuya amenaza de cese no asoma, pese a los ingentes esfuerzos realizados por personas y organismos interesados en sobreponer el ser humano ante el frío y cortante sistema regulador del desplazamiento interno en los Estados Unidos. El valor de la familia y la persona parece no tener importancia o al menos carece de puntual relevancia dentro de este patrón.
Un día cualquiera, después de una larga jornada de trabajo y de escuchar tristes historias, y no es que sea especialista en la conducta, consejero ni nada por el estilo, enciendo mi televisor y sintonizo uno de los notieros locales de mayor audiencia en New York y me concentro en la historia que desarrolla el periodista. El, muy compungido, describe el caso de una inmigrante mexicana con 20 años residiendo aquí, con hijos y hasta nietos norteamericanos que sufre el peso de la ley y el castigo por haber ingresado de manera turbia a la tierra de las oportunidades, como ella le llama, en busca de mejores condiciones de vida para los suyos.
Carmen, la protagonista de la historia, relataba que laboró para una textilera o fábrica de ropa por espacio de 10 años y que por lo complicado que se ha puesto el área laboral fue despedida. Su jefe le explicó que no quería problemas, pues los escrutinios y sanciones para las empresas que contratan mano de obra ilegal se hacen más drásticas cada día. La inmigrante, que prácticamente ha hecho su vida en este país, sufre su desdicha porque aún no consigue empleo y teme que las puertas sigan cerrando. Por momentos ha pensado en regresar a su terruño, pero dice que de México sólo tiene bonitos recuerdos, pues jamás volvió una vez abandonó ese país de gente honesta y manos productoras; además de que su familia está aquí.
Ella con torrentes de lagrimas que se desplazaban cuesta abajo sobre sus escarpadas mejillas pedía clemencia ante las cámaras y suplicaba a las autoridades le ayudaran en su caso. Esta escena es un retrato fiel de los millones de indocumentados quienes cifran sus esperanzas en una reforma migratoria integral que permita su legalización.
Ella dice que su única salida es que se actúe pensando en la razón por la que han venido. Reafirma sumergida y enjugada de su propio llanto que no esta dañando a nadie y que no quiere separarse de sus hijos y nietos puesto que el dolor la mataría. -ciertamente esta señora me conmociono y su dolor recorrió todo mi cuerpo-
Sólo espero, al igual que Carmen, que Dios ilumine a las autoridades, siendo más específico este nuevo congreso para que logren ponerse de acuerdo y legislen a los fines de ver un nuevo amanecer que favorezca a los inmigrantes que están aportando de manera sostenida al desarrollo económico de este gran país y que sin lugar a dudas aún representa la esperanza de muchas familias humildes y de algunas mentes inquietas con deseos de alcanzar sueños, probablemente truncados en sus países de origen.
Y bien amigos, ya me despido, anhelando volverme a encontrar, en otras de mis andanzas, con historias de supervivencia y éxito personal, de manera que podamos seguir apreciando qué tan dulce y amarga podría ser la tan anhelada manzana.

viernes, enero 15, 2010

Haití: Una Tierra que Destila Agonía



















Entrega Especial

Nacionales Claman Atención Inmediata

Por: Kelvin Morillo
Con una gran tristeza, la misma que embarga hoy día a todo el mundo, escribo estas escasas líneas, divorciándome del formato de mi trabajo periodístico, para asumir una postura frente al desastre natural que sorprendió a nuestro hermano pueblo de Haití. Me atrevo a someter mi humilde y respetuoso criterio de individuo preocupado por el destino de la “gente” y nuestra gran casa: el planeta tierra. Me es casi imperativo aclarar que planteo este punto de vista alejado de cualquier dejo de analista, visos de ambientalista o gurú en conflictos existencialistas.

En esta entrega trato de hacer un ejercicio, alejado tanto como sea posible de la emotividad que deshace mis huesos, lo mas objetivo y racional, partiendo fundamentalmente del caso que nos ocupa y otros sucesos que han despertado gran preocupación en todo el mundo por sus trágicos resultados.

Aún es difícil reponerme del golpe mortal, de la más reciente y fatídica estocada propinada por nuestra madre naturaleza a la empobrecida tierra Haitiana, pareciera ser que se ha ensañado contra su gente por las históricas prácticas “antinarutalistas” que han desgastado el ambiente que les acoge, posiblemente por ignorancia, debilidad o falta de politicas eficientes de conservación, la indiferencia absoluta del resto del mundo, precariedad económica… Todas ellas unidas a otras detonantes que han generado un deterioro del medio ambiente en la nación del Caribe, no adviertiendo que los daños que se producen son acumulativos y cobrados posteriormente de manera retroactiva. La naturaleza “pasa factura”.

Y no es que justifique lo que acontece, de hecho, nada lo justificaría. Y mucho menos responsabilizo por lo acontecido porque la naturaleza es autonoma y tiene sus propios mecanismos de defensa los cuales humanamente no podemos repeler. sin embargo, es sabido por todos del calentamiento global y la amenaza de la vida sobre el planeta. El mundo está en combulsión total, pues está cansado de los abusos y las nocivas prácticas que, irónicamente acomete el ser humano para su subsitencia, olvidando que se está sentenciando a toda la generación a intensos azotes, de los que ya sufrimos por la inclemencia con que responde.

Ver tantos escombros, tantas vidas perdidas, niños al amparo de la soledad; nada de esto tiene razón de ser. Sin embargo, nos debe mover a refleccion sobre nuestro papel en la tierra y cómo proteger los recursos que nos fueron dados como contexto de nuestra existencia. Debemos reconocer que nuestro papel es evolucionar en compañía de nuestro medio; sin él es imposible prolongar nuestra respiración y nos dificularía la convivencia.

No es secreto para nadie que una sociedad edificada sobre principios de conservación enfrenta toda desgracia de manera diferente, posiblemente los resultados no hibiesen sido tan devastadores con un Haití robustecido, la fragilidad de este pueblo no toleró los embates. Habrán de pasar semanas, quizá meses para conocer el alcance de las pérdidas y daños, así como las secuelas de este acontecimiento.

No obstante, algo positivo se sacará de todo esto. “No hay mal que por bien no venga”, aunque parezca dantesco aludir a este refrán, tengo la esperanza de que este país comience a ver la luz, justo la del progreso, debido a que está en estos momentos en los ojos de todos. Ya no hay forma de aludir ignorancia. Se está consciente de su existencia.

Es penoso que el mundo se vuelque ante eventualidades como esta, lo que indica que la desgracia debe estar vigente para que la humanidad se unifique con un fin: trabajar juntos por el bien común y por los que más lo necesiten. Haití debió experimentar esto para advertir que existe un país en el Caribe que merece atención immediata, que no soporta más el desamparo y rechazo, que es un terruño que anhela le tiendan manos solidarias que permitan construir los caminos hacia la dignidad y el progreso.

Debemos vernos en el espejo de Haití ya que nadie esta excento. Estamos conminados a despertarlo del letargo, levantarlo de las cenizas y ayudarle en la consecusion de su “mañana”, de un futuro prometedor para sus habitantes y la tierra que les sostiene. Esta debe ser de ahora en adelante la meta de la comunidad internacional, tomar este desastre natural como punto de partida ya que el mundo conoce las limitaciones y pobreza de esta “Gran Nación” preñada de hombres y mujeres valiosos que con oportunidades y conciencia colectiva puedan hacer realidad un Haití habitable, donde el ser humano y la naturaleza convivan en franca armonía.

Finalmente, me uno al luto mundial y levanto mi voz por este pueblo y su humilde gente. Por la amplia diáspora haitiana que radica a lo largo de los Estados Unidos que aún dezconcen el paradero de sus familiares y amigos; por éstos a quienes la angustia no les permite conciliar el sueño.

Elevo una pleagaria al Dios todopoderoso para que provea de tranquilidad a todos aquellos que perdieron sus seres queridos en este traumático 12 enero del 2010; esa tarde llena de dolor y pánico que marcará la historia. Anhelo que puedan enfrentar sus venideros días con fuerza y conformidad, que reposen su frustación y dolor en las manos de Dios. Suerte Hermanos!

Hasta la próxima entrega

(Foto Cortesía de http://www.holaaoxaca.com/)

domingo, octubre 11, 2009

PESCADO REFRITO

Por: Kelvin Morillo
“Nos vamos a morir, fue lo que imagine cuando nos encerraron en ese cuartucho pestilente. Era tan pequeño que con dificultad podíamos movernos. En ese lugar utilizado por aquella tripulación para depositar desechos y cuantas cosas le estorbaran viví los peores momentos de mi vida. De seguro que nunca los olvidaré. Es como si literalmente estuviéramos en cuenta regresiva. Fue horrible “.

“Los movimientos de la embarcación nos “emborrachaban“. Nunca antes sentí algo parecido. Pensé se me saldría todo, pues ya mi estómago no tenía nada para expulsar, todo indicio de alimento había desaparecido. Ese olor tan penetrante, el vaivén de las olas y la falta de ventilación nos hacían sentir que la vida se nos acabaría en un abrir y cerrar de ojos“.

Así comienza a relatar su historia “Calu”, joven ecuatoriano, que cruza el mar para llegar a los Estados Unidos a pelear por su espacio dentro de este país donde no tener documentos y abrazar una ilusión, es una lastimosa quimera que nunca despierta del letargo, salvo conmensurables excepciones.

Nos narra que decidió arriesgarse abordando un barco de carga porque la situación en su país no era la más alentadora, factor común en todas las historias de inmigrantes. Dice le hablaron de este medio para llegar, sabía era peligroso, pues conoció personas que murieron intentándolo. Sin embargo, cualquier esfuerzo “valía la pena” si al final lograba llegar a las “tierras del Norte”.

“Cuando tomé la decisión, mi familia se opuso. Mi madre no paraba de llorar, prefería pasar hambre que perder un hijo en esas condiciones tan inhumanas. Ella decía me lanzarían al mar para que comieran los tiburones, me dejarían morir de hambre y sed, en fin, dibujó en su santa cabeza todas las historias que conoció por la tele. No obstante- insisto- peor era vivir en pobreza extrema. No lo pensé dos veces y anduve”, comenta.

El domingo en la tarde, día que antecede su viaje se reúne con miembros de la familia y abastece de esenciales. Lleva galletas, dos galones de agua potable y algunos chocolates, pues cargar muchas reservas le podría hacer más visible para las autoridades a bordo.

La madrugada del lunes se encuentra con un amigo quien le acompañaría en la travesía. Cuando llegan al puerto, todo parecía muy tranquilo. Logran entrar al barco sin inconvenientes pues había un contacto dentro de la tripulación que manejaba el negocio y facilitaba los accesos.

Una vez allí debían mantenerse sin ser descubiertos.

Se escondieron en un cuarto al final de la embarcación.

Calu cuenta que en aquel cuchitril había tres personas más que compartían su misma ilusión. Se siente mejor, ya no estaría tan solo.

Ya en alta mar el peligro estaba constantemente al asecho. Durante los 10 días de travesía, se sintieron pescados en varias ocasiones. Los miembros de la tripulación hacían chequeos rutinarios, actividad que los mantenía en vilo y en estado permanente de agitación.

Cuenta que una noche, sintieron pasos que se dirigían al cuarto que ocupaban. Todos se escondieron.

Al abrir la puerta, una voz grave susurró que si no cerraban la boca los tirarian al mar. No pudieron advertir de quien se trataba, pues no disponían de ningún tipo de energía. La obscuridad era su acompañante permanente.

Lo cierto es que esta visita llenó de pavor a los infiltrados. Según Calu el resto del viaje se hizo más largo, les parecía interminable. El miedo les llegaba hasta los ‘’huesos’’ cada vez que sentían esos pasos fundirse con el sonar de las olas.

Cuando por fin llega a suelo Norte Americano, deja sentir su primer respiro de satisfacción y alegría. Sobrevivió esos días de desacierto y peligro.

En Miami, tierra firme, Calu no tiene donde ir. Sus compañeros de viaje toman su rumbo, lo abandonan a la suerte y sin saber qué hacer de ahora en adelante.

Nos comenta que durante días se mantuvo errante, malvivió.

“Gracias a algunas personas que vieron mi situación y me ayudaron con comida; algunas veces daban alojamiento. Pero muy especialmente agradezco al señor Alejo que sin conocerme bien me dio mi primer trabajo limpiando su jardín, dinero que valió para llegar hasta Queens donde tenía algunos relacionados”, dice el inmigrante.

En New York comienza a ver luz al final del túnel. Contacta conocidos quienes le acogen y consiguen trabajo como ‘’dishwasher’’ en un restaurante muy prestigioso de Downtown Manhattan. Lugar donde se le trataba peor que a un animal. Un perro tiene mayor dignidad alli. Dura realidad.

Al mismo tiempo trabajaba como ‘’waiter’’ en fiestas privadas. Aquí Conoció la verdadera cara del inmigrante indocumentado. Las ofensas y burlas eran acciones comunes en el ambiente. Durante cada jornada debía soportar no sólo la humillación de sus fejes y compañeros, sino también de comensales quienes se mofaban y externaban comentarios denigrantes hacia su persona y la comunidad hispanoparlante.

Dentro del torbellino que vivía, conoció a una chica hispana por referencia, pero norteamericana de nacimiento. Al parecer se sintieron atraídos mutuamente. Este encanto visual se extendió por prolongados meses y dio al traste con un matrimonio por lo civil.

Ella enamoradísima entendió que una forma física de expresar su amor era ‘’otorgándole’’ los documentos. Lograr que Calu pudiera hacer sus papeles y por fin residir legalmente en la Gran Urbe.

Se unieron en matrimonio un mes de enero.

Al cabo de dos meses, las cosas parecían no estar muy bien. La joven deseaba tener un hijo y Calu no estaba dando ‘’la talla’’ como hombre. Muchas fueron las noche que llena de pasión y las hormonas alborotadas se lanzaba sobre su ‘’semental’’ deseando que el macho que tanto ama le hiciera suya. Pero Calu siempre tenía una excusa para evadir.

El matrimonio se tornaba un verdadero ‘’infierno’’. Mientras ella con ‘’hambre’’, prácticamente le exigía sexo. El apelaba a todas las excusas, incluso alegó padecer de impotencia para justificar la ausencia de ‘’virilidad’ frente a la ‘’maquina ardiente’’ de su mujer.

Una de esas noches, debajo de las sábanas, la mujer apasionada, recorrió todo el cuerpo de su marido buscando erizar el cuerpo explorado. Sin embargo, para Calu no existía una situación más incómoda nada y desesperante.

‘’Para. Suficiente”, dijo Calu.

Mostrándose nervioso comentó que no aguantaba más. Pidió que le dejara en paz.

Esta brusca actitud de Calu acaloró la mujer quien abruptamente emprendió contra él una serie de improperios y acusaciones. Jamás el joven ecuatoriano había sentido tal carga de furia.

‘’Cálmate tenemos que hablar’’, dijo el ecuatoriano.

Ella, dolida por el rechazo, establece diatriba. Azoto todo objeto que bloqueaba su camino y amenazaba con advertir a las autoridades sobre la falsedad del matrimonio.

Calu asustado, lloró frente a ella y pidió no lo hiciera. Sin poder retener más, confesó.

‘’No puedo quererte. Quiero que me comprendas. Hice todo lo posible porque esto funcionara, pero mi cuerpo y mente están en otro lugar. Eres una mujer valiosa. No te quiero hacer daño. Sólo deseo, por el amor que dices tenerme, me ayudes a salir de esto. No puedo corresponderte como mereces porque soy casado’’, dice.

Esta confesión fue la gota que llenó el vaso. Esta sería la última vez que Calu discutiría sobre el particular.

Aunque la mujer no medió palabras. Se limitó a decir que: ‘’a partir de hoy eres pescado refrito. Lo juro y no descansaré hasta lograrlo’’

Calu no supo la carga de aquellas aquellas palabras. Nunca entendió cuál era su significado hasta aquel día que se vio en su cita con oficiales de migración.

Ese día, se levanta bien temprano para su compromiso. Llama a su ‘’esposa’’, pues vivían en casas separadas desde aquella última discusión. Pese a todo aquello deciden continuar todo el proceso.

Calu espera ansiosamente en el lugar acordado. Se encuentran y se dirigen a las oficinas cual pareja más feliz. No obstante, se percata que existe una actitud nunca advertida en ella. No repara y llegan al lugar.

Después de esperar por tres horas, un oficial llama a la pareja.

Como rutina en casos como éste, se pide intérprete, presentan documentos de vínculo y se jura decir la verdad.

Cuando el oficial inicia pesquisa, ella interrumpe diciendo que el matrimonio era un arreglo y fue obligada a mantener esa relación.

‘’Todo esto ha sido un negocio. El me obligó y amenazó mi familia si no lo hacía, pero no puedo mantener más esta mentira. Me siento en peligro y quiero que tomen acción contra este maldito’’.

Calu no daba crédito a lo que veía. Ahora entendía por qué ella quiso continuar.

Mientras Calu veía pasar toda su odisea en su mente, era retenido por las autoridades y trasladado a otro lugar donde se le explicaría cuál sería el procedimiento inmediato.

Ahora está en espera de la carta de deportación que le regresará a su país con las manos vacías, un corazón lleno de desesperanzas, dolor... y con un vacío que nunca pudo llenar.

Sólo espero que Calu olvide esta experiencia; que no sea más una sombra de su pasado. Que la capacidad de soñar no cese y su vuelta a casa genere el menor trauma posible.

Y bien, ya me despido, anhelando volverme a encontrar, en otras de mis andanzas, con historias de supervivencia y éxito personal, de manera que podamos seguir apreciando qué tan dulce y amarga podría ser la tan anhelada manzana.

Foto cortesia de traveladventures.org

miércoles, agosto 19, 2009

Atrapado en las Pieles de New York

Por: Kelvin Morillo

Hola amigos y amigas
Vivir en un lugar desconocido cuyo marco referencial no es más que la televisión, revistas o información de terceros es bastante difícil. El hecho de estar lejos de su país, su gente…es agónico y más aun cuando se encara una sociedad altamente permisiva que, amparada en las libertades civiles, genera exagerados niveles de desenfreno personal y colectivo. Un sistema que otorga derechos, malinterpretados por algunos, cuya confusión real o maliciosa se expresa en atropellos hacia sectores como el de los inmigrantes.

Un ejemplo que dibuja lo antes mencionado es la serie de engaños a que son sometidos, en materia laboral. Empleadores abusivos y degenerados que contratan inmigrantes para someterlos a maltratos y atropellos que vulneran la dignidad humana y los convierten en especies de lacayos, vasallos o más modernamente individuos tiranizados.

Aquí existe variedad inmensa de actividades pecuniarias. A todo se le saca dinero. Lo que menos se imagine es una fuente de ingreso, sin importar a quien se afecte. Cualquier medio es utilizado. Bien se aplica la máxima: “El fin justifica los Medios”.

José es un joven humilde de 35 años, procedente de México, hermoso país que me gustaría visitar en cuanto tenga un tiempecito disponible.

Como muchos de su país y otros tantos lugares, llega a Estados Unidos persiguiendo una oportunidad. Para José las cosas no han sido fáciles. Expuso su vida al atravesar la frontera de manera ilegal.-Y es que no tenía alternativas-comentó.

Dejó en su país natal una bebé de 5 años que la define como “toda su vida” y a una devota esposa que prometió serle fiel y esperar por su regreso el tiempo necesario. No pretende permanecer en el país de los “gringos”, solo desea producir dinero para mantener su familia y darle un techo decente. Entonces regresará para cumplir con su compromiso de padre y cónyuge.

El “journey” de José ha sido duro. El simple hecho de sobrevivir las adversas condiciones de su travesía le otorga un valor muy especial. Porque vea amigo, usted no se imagina lo difícil que es eso. Según expresa hay muchas personas que mueren en el intento. Perecen por inanición, sed, insolación; otros son asesinados, violados, asaltados... Este trayecto es altamente riesgoso. Quienes realizan el viaje, sortean su vida, literalmente.

Narra que los días son interminables. Que pareciera están en una carrera con la muerte. Constantemente tienen el “corazón en la boca” por los peligros que asechan. Están desamparados. Las personas que arman el viaje, llamados coyotes, les cobran el gran billete y les abandonan a la suerte en las áridas zonas del desierto de Sonora, uno de los accesos terrestres hacia Estados Unidos. Hay muchos que no conocen el área y son presas fáciles de desaprensivos y del sistema de vigilancia fronterizo.

Cuando llega a EEUU pernocta en Arizona por espacio de 7 días. Luego toma carretera hasta la ciudad de New York donde le dicen hay mucho trabajo y facilidad de vivienda. Para él fue fácil conseguir alberge porque tiene un amigo en Brooklyn que le permitió dormir en el sofá de la casa. Ya con esto resolvía provisionalmente alojamiento y le proveía cierta sensación de seguridad.

Tampoco lograr empleo fue complicado. Desde que llegó a NY, su amigo le tenía trabajo como albañil en una construcción, cosa que nunca hizo en su país. En México, era de clase pobre, pero con un título profesional. Se desempeñaba como masajista, acreditado en un centro rural para masajes.

“Al menos tengo trabajo. Eso sí…es durísimo! Nunca en mi vida había puesto la mano a esto. Pero tengo una deuda con mi familia. Ellos cuentan conmigo y no les puedo fallar” dijo.

Al cabo de dos años José se sentía desilusionado, pues no conseguía empleo en su área. Muchas veces pensó volver, pero la meta era tan intensa que no podía flaquear. Hay una niña que es su futuro y una esposa su presente.

Mientras ejerce como albañil, continúa su búsqueda en restaurantes, hospitales, centros de atención para adultos, oficinas. Siempre con la aspiración de conseguir un empleo más cómodo y que garantizara mejor salario.

Cansado de tratar, se encuentra con un amigo y le habla de sus esfuerzos. El conocido le recomienda hacer una búsqueda por Internet; le menciona algunas páginas en las cuales aparecen ofertas, incluso para personas sin papeles. Sonríe y se dirige a un centro de Internet que estaba a la vuelta.

Cuando accesa se le ilumina el rostro, pues aprecia la inmensidad de oportunidades y la variedad de opciones que ofrece el mercado. Detiene el cursor sobre una publicidad que dice: “Busco masajista…muy buena paga”. “Este es el mío”, dice. Inmediatamente aplicó sin saber lo que se avecinaba.

Una mañana recibe llamada. Era justo la que esperaba. El empleador le cita para el tan esperado empleo que le cambiaría la vida. Inmediatamente se comunica con su esposa y emocionado le comenta la buena nueva.

José esa noche no concilió el sueño esperando la luz del alba para asistir a esa entrevista, pues ya dejará de ser albañil para ejercer lo que realmente le gusta hacer.

Siendo las ocho de la mañana de ese día, se dirige ansioso a su compromiso. Al llegar al lugar, lo primero que percibe son unas bellas jóvenes orientales y unos muchachos bien parecidos; todos haciendo turno. También destaca que el ambiente está poco adecuado para un centro de masajes, más bien parece un almacén. Tenía muy poca estética. Sin embargo, resta importancia a estos indicadores.

Comenta que los clientes se ven muy satisfechos. Parece ser los empleados hacen muy bien su trabajo. Mientras espera, toma una revista que descansaba sobre una mesita de hierro con tope en cristal sobre la que también había una serie de ejemplares casi pornográficos.

Al momento de disponerse a leer, para “matar el tiempo”, oye a alguien mencionar su nombre. Levanta su cabeza. Era el dueño el negocio que le requería; un hombre alto, de tez blanca como en sus cincuentas, quizá. Aquel señor era de muy mal aspecto. Según José, parecía cualquier cosa, menos un empleador.

“Usted es José?” Pregunta.

“Sí, lo soy”. Responde.

Le invita a pasar a su oficina. Después de dar la bienvenida de rutina le dice que la experiencia importa muy poco porque cada cliente pide lo que quiere, es decir que el tipo de trabajo el cliente lo determina.

Le pregunta además por sus documentos. José responde que no tiene, pensaba no los necesitaba. El empleador dice no importar y termina el tema sin mayores detalles.

“Aquí somos muy especiales. El cliente es lo primero y acostumbramos a complacerle en todo. Lo que deseen, lo hacemos. Cumplimos todos sus sueños. Debes estar dispuesto a esto. Todos nuestros masajes tiene “final feliz”, afirma el propietario.

“Sí, lo se. Soy muy buen masajista y le garantizo que no habrá problemas. Soy excelente en mi trabajo. Eso se lo aseguro. No se arrepentirá de haberme contratado”, ratifica José.

Se marcha del negocio después de haber acordado tarifa, horario y todo lo relacionado. No obstante, mantiene la inquietud del por qué el señor insistió en lo del “final feliz”. “Que significa eso?” pensó. Sin embargo, prefiere no aclarar el punto.

Esto ocurrió un martes en la mañana.

Siendo miércoles en la tarde, José llega a su trabajo a tiempo. Eran las 6 cuando en cabina, su primer cliente se desviste por completo, mostrando sus bondades.

“No es necesario señor”, dice.

“Así lo quiero. O quizá deseas que hable con tu jefe?”, responde.

Sin comentarios, empieza su rutina. Al cabo de unos minutos se percata que el cliente parece estar medio “contento y emocionado”. Obvia el momento y continúa su trabajo. Minutos después siente le tocan las piernas.

“Qué pasa aquí?”, dice José. Molesto por la situación le pide al cliente se levante y retire. Se niega a prolongar el vergonzoso episodio.

El jefe al parecer escucha la discusión y se apersona. “Que ocurre?” Pregunta.

José le explica que el cliente le esta irrespetando. Inmediatamente le platica en detalles.

El propietario le invita a su oficina y le dice:”Ayer durante la entrevista te expliqué cómo son las cosas. Me dijiste que entendiste y estuviste de acuerdo. Recuerdo haberte dicho que el cliente era lo más importante. Hacemos lo que ellos quieran. También te advertí que nuestros masajes terminan felices. A caso no entendiste eso?”’.

”Sí, pero pensé se trataba de simplemente ofrecer un buen masaje. Nada mas”, expresó.

“Pues no”, responde cortantemente el jefe. “Debes hacer lo que el cliente desee. Aquí está el contrato que firmaste. Así que levántate y ve a hacer tu trabajo”.

Trieste y confundido, dice no continuará. Inmediatamente renunció. Cabizbajo deja caer unas lágrimas de sus ojos, pues lo que pensaba sería su mejor empleo se le iba de las manos.

Un fuerte ruido se escuchó. Furioso el empleador se levanta de su silla y toma a José por el cuello. “No te puedes ir”, dijo.

Lleno de ira amenazó con llamar a migración si abandona el trabajo. “Todos ustedes son una mierda y se creen se van a salir con la suya. A caso no sabes te tengo en mis manos”.

Por segunda ocasión le invita a volver al trabajo.

Sorprendido y entre llanto, José decide volver a su cabina. No quería problemas. La promesa hecha a su familia la cumpliría cueste lo que cueste.

De vuelta a su área, el cliente aún se encuentra en la camilla. Reincorporado, continúa el oficio. El cliente sigue cumpliendo sus fantasías y comenta quiere le “lleven a la luna”, mientras acariciaba su cuerpo desprovisto. José se muerde los labios y trata de contener su torrente de lágrimas.

Transcurridas ya 9 horas y después de atender 7 usuarios, se marcha a la casa con una tristeza indescriptible.

Cuado llega a su refugio, se dirige a la ducha y toma un prolongado baño para intentar calmarse. Luego se acuesta, bañado en lágrimas, en aquel sofá que conocía todos sus secretos. No deja de llorar por la realidad que le tocó vivir.

No concilia el sueño. Pensar en la situación le desvela.

Es de mañana y José no se levanta. De hecho, no quiere las horas avancen. Esto le ocurre cada día. Cada tarde es como una pesadilla de la que quiere despertar.

Tiene ya 8 meses atrapado en pieles de New York. Conoce cada centímetro y cuan sensibles son al tacto. Tristemente ha visto el tiempo pasar dentro de un medio que le ha creado un vacío y una herida que no cicatriza.

Según dice, lo único positivo es que su familia esta feliz. La bebe crece saludable y su esposa sigue aguardando por él, sin imaginar cuál ha sido su real destino.

Sólo espero amigos que este joven algún día pueda liberarse de este “infierno” que experimenta al igual que otros tantos inmigrantes. Que este episodio sea solo un capítulo más de su retrato biográfico. Que esta amarga experiencia no empañe su felicidad ni derrote sus aspiraciones para con su familia.

Y bien, ya me despido, anhelando volverme a encontrar, en otras de mis andanzas, con historias de supervivencia y éxito personal, de manera que podamos seguir apreciando qué tan dulce y amarga podría ser la tan anhelada manzana.

lunes, agosto 17, 2009

Sobreviviente con Suerte Millonaria

Por: Kelvin Morillo
Hola Amigos y Amigas
El perseguir la buena suerte en este país es una actividad que ha mutado de simple y eventual entretenimiento a búsqueda constante y obsesiva convertida en “pan nuestro de cada día”. Para muchos es como respirar, alimentarse...Este anhelo acompaña a muchos a la cama; es como si se tratara de una actividad del diario vivir.

El jugar a conquistarla es una de las prioridades aquí, pero muy especialmente para los inmigrantes quienes persiguen el “Gran Sueno Americano”, panacea a sus “urgencias de supervivencia” sin importar qué tan alto sea el costo.

Martha es una de esos inmigrantes. Gran parte de sus años los destinó a “conquistar” la dicha. Y altamente beneficiada porque le sonrió y, parece, decidió descansar en su humilde hogar y premiarla por tan prolongada perseverancia.

Llegó de Colombia hace doce años cargada de sueños e ilusiones. Dejó atrás un hermoso país devastado por la guerrilla e inseguridad ciudadana. Viene a los Estados Unidos para ofrecer a su familia un futuro más promisorio de incontables oportunidades.

En sus años mozos Martha nunca se quejó. Vivió como quiso. Fue propietaria de una lujosa casa, terrenos y una posición pública que muchos en su zona envidiaban.

Era líder comunitaria, portadora de una gran capacidad de manejo de masas, personalidad heredada de su padre quien históricamente encaró ácidamente las posiciones políticas más retrógradas y, en perfil más bajo, la cruenta guerrilla de su pais.

La vida de la colombiana fue exitante en toda la extensión de la palabra. Disfrutaba de viajes alrrededor de mundo, específicamente a Europa, continente que ama y el cual visitó en innumeras ocasiones junto a sus dos vástagos y esposo Manuel.

Todo marchaba súper bien. La vida de la familia era relativamente normal. Sus hijos crecían saludables, asistían a la escuela y realizaban las actividades cotidianas propias de una familia “acomodada”.

Ella tenía un pequeño negocio que atendía junto a su pareja. Ambos enfrentaban los retos y desafíos de la vida en armonía. Para todos, la vida les había favorecido con buenas experiencias. Hasta ese momento no sabían del dolor, pena profunda y la ansiedad. Esas palabras su vocabulario desconocía. Sólo las escuchaban en otros, a quienes definían como desafortunados.

Una tarde de lunes, al caer el sol, su esposo se disponía a salir del negocio familiar. Ese día Martha no trabajó porque sentía malestares causados por su padecimiento de alta presión.

Mientras Manuel se dirigía a casa, un vehículo le interceptó sobre la carretera. La guerrilla lo secuestraba. Lo obligaron a salir del vehículo. Confundido, a penas alcanzó a marcar el número de Martha, quien le escuchó llorar y pedir clemencia. Suplicó le dejaran libre por sus hijos quienes aguardaban. Sin embargo, los secuestradores le tomaron y condujeron hacia rumbo desconocido.

Esta fue la última vez que Martha escucharía la voz de su esposo y experimentaría la sensación de soledad, miedo, desesperación y un dolor que ahora puede describir porque ya era parte de su historia.

Desesperada dio parte a las autoridades, quienes asumieron el caso. Esto no avanzó. Martha jamás supo de su esposo. Nunca conoció su destino final.

Sola y con el apoyo de sus hijos intenta no sucumbir de tristeza y desazón. La familia, ahora compuesta por tres, intenta seguir adelante, desgarrada por la pena y el temor de que esto se repita en otros de sus miembros.

La tranquilidad en este hogar fue interrumpida. La vida cambió drásticamente. Ahora cada movimiento es calculado y todo desplazamiento evaluado; pues temen por sus vidas. En resumidas cuentas, respiran en función de la guerrilla.

Cansada de la situación, Martha toma una decisión crucial que le afectaría por segunda vez. Decide venir a Estados Unidos detrás de un cambio para sí y sus hijos.

Logra le preparen papeles y emprende travesía. Deja sus tesoros a su madre y promete que volvería por ellos.

Armada de valor toca suelo “Norteamericano” con el corazón roto, pues sus amores quedaban a expensas en un país que le destrozó. Sin embargo, la ilusión de alejar a sus hijos de ese ambiente de tristeza e inseguridad le daba la fuerza suficiente para continuar reforzando sus aspiraciones de una vida con mayor tranquilidad y lograr un espacio donde se puedan desarrollar con libertad y sin temores.

Al cabo de los años, ya recuperada, conoce un puertorriqueño que se enamora de ella. Martha, por el contrario, ve la posibilidad de hacer sus papeles, pues los que utilizó para acceder a este país eran falsos.

Ambos inician una relación y deciden matrimoniarse. El por amor y ella por conveniencia. ¡Mayúsculo error!

Con ese matrimonio comienza una historia de maltrato y sufrimiento. El varón era alcohólico, mujeriego y consumidor de sustancias prohibidas.

Martha experimentó con este hombre lo que nuca antes. En ocasiones la golpeó hasta sangrar. Fueron varias las ocasiones que en compañía de una amiga fue al hospital a hacerse curar. Sin embargo, nunca lo denunció por temor a una eventual deportación.

Sufría en silencio. No quería que se enteraran de su sufrimiento.

Durante su unión no hubo momentos de felicidad. Las humillaciones y vejámenes eran prácticas frecuentes. Según Martha las frustraciones eran descargadas sobre ella con particular intensidad. No existía un día en que descansara de tales maltratos. Esta situación le consumía y le abstraía de la realidad que le rodeaba.

Una noche mientras preparaba alimento escuchó un fuerte ruido que provenía del parqueo de la casa. El sujeto alcoholizado acababa de chocar el vehículo que manejaba. Martha percibe, a través de la ventana, que su esposo viene cargado de furia. Pensó que esa noche sería muy larga para ella. No obstante, no imaginaba cuan prolongada y triste resultaría.

Cuando entró a la casa vertió sobre ella todo tipo de insultos. Mientras intentaba calmar el acalorado esposo, éste le propinó tremendo zarpazo que la lanzó sobre el mueble del televisor. Ella corrió hasta su habitación y sin poder contener más la situación, llamó su mejor amiga quien informó al ‘’911’”. Escasos cinco minutos transcurrieron cuando ya en la casa había carros de policía, ambulancias y bomberos. Esto parecía un “thriller” de terror.

Inmediatamente, las autoridades la pusieron a salvo y sometieron al abusador.

Después de esta amarga experiencia, tan dolorosa como aquella que le valió para salir de su país, se muda provisionalmente con su amiga quien le ayuda a encaminar su proceso de legalización por violencia doméstica ya que su esposo no quiso hacer lo propio por ella.

Comienza a cambiar su semblante, su sueño se estaba haciendo realidad. Faltaba escaso tiempo para reunirse con sus queridos hijos. Al cabo de 10 meses le aprueban su petición y felizmente recibe su documento que le acredita como residente legal de los “Estados Unidos de Norteamérica”.

Justo durante este proceso también se entera que había ganado la lotto, convirtiéndose en millonaria en un “abrir y cerrar de ojos”. Martha le pegó al grande de la lotería de New York.
Todo pareciera indicar que el universo conspiró a su favor. Ella, en cambio, dice que Dios obra misteriosamente en la vida de cada individuo. “A veces ocurren cosas que no entendemos, Dios las permite para que crezcamos y aprendamos a valorar las cosas que poseemos. Maduramos de las malas decisiones y renacemos del dolor”, dijo.

Ya con residencia en mano y millonaria, en “dólares”, logró reunirse con sus hijos al cabo de mas de una década. Finalmente alcanza el sueño que tanto sufrimiento le causó.

Y bien amigos, ya me despido, anhelando volver a encontrarme, en otra de mis andanzas, con historias de supervivencia y éxito personal, de manera que podamos seguir apreciando que tan dulce y amarga podría ser la tan anhelada manzana.

Daniela Quiere Conquistar al Mundo Desde Soho

Por: Kelvin Morillo
Hola Amigos
Era domingo en la tarde cuando me disponía a salir del apartamento de uno de mis amigos en una de las zonas mas prestigiosas de la ciudad de New York, el exclusivo Soho, lugar que pareciera sacado de un cuento y ubicado estratégicamente en el Corazón de Manhattan para que ricos, artistas y “enganchados” se den vitrina en los carísimos y acogedores restaurantes, gimnasios, tiendas...y se “boten” pavoneando las marcas, mientras mas caras mejor, de accesorios y prendas que definen la persona y la sitúan dentro del afán cotidiano de lograr una imagen que proyecte poder, punta de lanza de la cultura estadounidense.

Compartía en un “get together” como le dicen los gringos a un pequeño encuentro cuyo objetivo no es más que comer, bailar y platicar cuantas cosas vengan a la mente. Es justo lo que un buen dominicano llama can, bochinche...y demás advocaciones.

Quien no ha tenido la oportunidad de vivir en esta zona no se imagina lo pesado que resulta, pues hay que mantener un estilo de vida a la altura de las circunstancias en todo momento, de lo contrario, el mismo medio te absorbe; es importante hacer lo que todos y tener, al menos, gustos parecidos. Allí no escuchas conversaciones que no sean: Tengo que irme de compras a Europa. Tengo que contratar un chef o asistente personal que me lleve mi agenda. Hoy utilizare mi Porsche, el descapotable por supuesto. Debo reamueblar mi casa. Hay que enviar a los niños de vacaciones a Francia”...Esas son de las cositas de las que no se puede prescindir si pretende residir aquí. Ya lo sabe.

Y es que no es fácil. Vea que se lo digo con certeza. Cuando por fin abandoné el “get together”, cosa que no quería; porque es muy bueno disfrutar de los placeres de la vida y sentirse por un momento que se dispone de todos los medios y recursos de un millonario. Justo así me siento cuando visito a Andrew, el americano que pareciera tener todos los cuartos del mundo y propietario del loft del cual le hablo.

Cuando por fin saldo del espacio, me quedo pensando en lo mucho que hay que hacer para ser parte de aquello; lo primero seria sacarse unos buenos millones en la mega o la lotto de aquí, trabajar como un “burro” o heredar una gran fortuna...Bueno, existen otras maneras que me reservo por respeto a mis lectores.

Mientras transito una de las calles del sector con destino al “train” que me llevará a casa, aprovecho para admirar la imponencia de algunas edificaciones, el criterio en el paisajismo y la lógica del planeamiento urbano, elementos claves en el concepto Soho. Eso es digno de admirar.

Sigo observando las tiendas. ¡Que vitrinas tan bien montadas!
El perfil de sus residentes. La verdad que hay mucha gente hermosa y con buen gusto. Y bien, sigo mi camino...Veo en una de las intercepciones mas concurridas a una joven alta y delgada como una “bara de bambú” poseedora de un cuerpazo que mucho llamaba la atención. Me sorprendo al tiempo de pensar que quizá se trataba de una de tantas chicas exhibicionistas que pululan en todo New York.

Sin embargo, tiene algo que la hace especial. La observo desde la acera del frente y percato que la chica es fea con “cojones”. Es una morenita no muy agraciada por la naturaleza e insiste en explayar una sonrisa y abordar cuanto “blanquito” le pasa por el lado. Ella parece estar entregada a la causa-Pienso-

Pero no conforme aun, decido cruzar la transitada vía para estar más cerca y saber qué hace. Espero que por mi colorcito lavadito y engañador se haga la simpática y me “monte” para satisfacer finalmente mi curiosidad de periodista ¿Que puedo hacer? Nada...son gajes del oficio.

Me acerco a la susodicha y nada pasa. Ella queriendo evadir ni me mira. Se concentra en otros. Distingo en ella una obsesión por cierto tipo de varón, parecería una estrategia. Es muy selectiva.

Bueno...como ella no está en mí, decido interrumpirla. ¡Hello! saludo. Ella por el contrario me dice: “’hola”’. Sorprendido le digo pensé era norteamericana por la forma en que se manejaba. “’No, soy dominicana”’, dice con voz súper chillona y una actitud arrolladora. Lo que le falta de belleza lo tiene de personalidad, pensé sin exteriorizar palabra alguna.

O sea que eres dominicana, comento. “’Sí y de Moca”’, responde.

No les voy a mentir, esta muchacha me dejo boquiabierto. La verdad que es atrevida, una flaca tan fea y privando en buena. Fue el primer pensamiento que produjo mi cerebro. Sin embargo, no me dejé contaminar de pensamientos subjetivos y le pregunté qué hacia en Soho.
“Soy modelo y busco una oportunidad”, me platicó.

Me contó además que vivía en la Provincia Espaillat con su abuela y un tío, quienes reunieron un dinerito para un “machete” y venir a los Estados Unidos a buscar una oportunidad. Según Daniela, así se llama la joven, sus parientes vendieron algunos electrodomésticos y se hicieron de préstamos para financiar el viaje que le traería a la urbe a conquistar el anhelado sueño de ser famosa y ayudar a su familia.

Ella, al igual que muchos inmigrantes, “pasan las de Caín”. Enfrentan un sistema que les excluye por razones idiomáticas y de cultura. No es fácil adaptarse a un lugar donde muchas veces hasta la familia te da la espalda. Esta es una lucha que por lo general se encara en soledad.

“Tengo dos años esperando una oportunidad. Estuve en Miami, Orlando y ahora aquí. Me dijeron que en esta ciudad me podrían descubrir y convertirme en una modelo de renombre mundial. De hecho, ya hay muchas dominicanas exitosas. Espero convertirme en una de ellas”, adujo con seguridad.

Escuchar a esta joven me rompió el corazón porque sé lo difícil que es este medio y más aún cuando se está ilegal, como es su caso. Es casi imposible conseguir buenas cosas tomando en cuenta que para todo piden el número de seguro social. Sin esto no hay vida, literalmente no se es gente; esto es como tu identidad, si no lo tienes no existes. Con esto lo digo todo.

Me dice que ha pasado hambre ya que, al trabajar como empleada doméstica, el salario a penas le da para honrar su compromiso de habitación y mal comer. También me confió que tiene en New York mucha gente, incluyendo familiares, pero que al enterarse estaba en el área le dieron la espalda. Solo una amiga de la abuela le acogió mientras conseguía empleo. Luego de ahí se la tuvo que “bandear “sola.

Este es el retrato de los inmigrantes y los incluyo a todos porque la gran mayoría atraviesa por esta situación. Así es la historia. Detrás de cada individuo existe una serie de acontecimientos que les marcan para el resto de su vida y le surcan los caminos del éxito o fracaso.

Le recomiendo que antes de exhibirse de esa manera trate de legalizar su “’status”” y le explico el riesgo que toma. Una deportación empañará su posibilidad de triunfar y probablemente retrasará su sueño.

“Pero es que no tengo cómo hacerlo. Sólo espero que alguna agencia me contrate y me provea de los papeles necesarios para vivir aquí como Dios manda”, expresó con marcado positivismo y una alegría que dibujaba en su rostro.

Daniela asegura que seguirá intentando. Las dificultades no le impedirán triunfar en una tierra extraña y demostrar que se puede luchar por lo que se quiere, sin perder la dignidad.

Emocionado, la felicito por pensar de esta manera. Le aconsejo además, que al lograr sus metas, no se olvide de agradecer a Dios porque él nunca abandona a sus hijos en dificultades. No importa que tan duras sean, siempre estará ahí para aliviar su carga.

Siendo honesto amigos y amigas, terminé admirando a esta muchacha. Me olvidé de lo fea que era y me concentré en sus valores y fuerza de voluntad. Le desee que la vida responda a tanto sacrificio y entrega a esta lucha que para muchos ya esta perdida.

Luego de esto me despedí, anhelando volverme a encontrar, en otra de mis andanzas, con historias de supervivencia y éxito personal, de manera que podamos seguir apreciando que tan dulce y amarga podría ser la tan anhelada manzana.

El Primer Mordizco a la Manzana

Hola Amigos
La verdad que es emocionante este reencuentro, después de esta breve interrupción de la labor que mas me apasiona y que es comunicar sin importar el medio que utilice, sea este un micrófono o una pluma, ejercicio que abrasé y que transformo mi vida al conocer la incidencia de mis palabras y acciones sobre los demás.

Ahora a través de de esta, mi columna, podremos mantenernos en contacto y alimentar nuestras internas necesidades y darnos ese calorcito que por relativo largo tiempo no nos dimos por razones que escapan a nuestras voluntades.

Durante el ‘’exilio’’ que asumí por motivos muy personales e inquietudes existenciales, me he planteado decenas de premisas, las cuales desarrollo con el fin de completar un experimento que indudablemente responderá, espero, todas mis expectativas, será entonces cuando me acercare a mi mismo, a mi entorno y a mis semejantes.

Ahora el frío y calor extremo son mis íntimos amigos, el idioma ingles mi cuasi conquista y los esculturales paisajes de primavera mi musa inspiradora; esa es mi realidad en estos momentos, vivir en este impresionante lugar o, mas bien, saborear lo dulce y amargo de la ‘’Big Apple’’, la electrizante y siempre despierta ciudad de New York.

Desde aquí….desde este mi gran espacio y caldo de cultivo para lo inimaginable, me pondré las pieles de un inmigrante para contarles las andanzas de quienes arriesgan todo para perseguir un sueno que muchas veces se convierte en una trágica pesadilla; otras tantas, de singular éxito y que reafirma la capacidad de los inmigrantes para lograr metas cuando se lo propone.

Todas mis historias estarán preñadas de los artiludios e hilarantes detalles que les da el verdadero sabor a las experiencias y, que sin lugar a dudas, marcan los grupos poblacionales más recursivos en Norteamérica. Bueno o malo? Depende del contexto.

Eso si, todas ellas valiosas para fortalecer el individuo que vive en una sociedad de avanzada que cada día se torna mas exigente y demandante.

Algo que les puedo decir con seguridad es que el extranjero que reside aquí evoluciona de manera impredecible, lo que jamás imagino hacer en su país aquí es pan nuestro de cada día; como decimos allá, desarrolla dos ‘’buenos timbales’’; y no es para menos, aquí la cosa no esta fácil, el horno no esta para biscochito lo que obligua a buscárselas, haciendo de los inmigrantes súper héroes y no de los tontos que usan mallas y pantaloncillos por fuera.

Es que están mas que convencidos de que aquí nada se otorga por antonomasia ni linda cara. Nadie se puede robar la luz, ni el agua, tampoco el cable, no se puede velar la comida del vecino porque te dejan con los ojos bien largos; los cuartos no se recogen en las calles están en los hospitales, supermercados, bodegas, barberías, salones de belleza, restaurantes, limpieza, de allí la mayoría sacan los dolaritos, guayando bien la yuca.

Y bien dilectos amigos, ya para concluir, para todos los que me quieren de verdad, los que me odian y lo que quieren amarme y no pueden hacerlo, bienvenidos a este excitante viaje en el cual descubriremos juntos detalles del inmigrante que reside de este lado, que hace para entretenerse, como sobrevive, como enfrenta las dificultades, como sobresale en este convulso pedazo del planeta, como se reincorpora, que de sus amores en tiempos difíciles, en fin, todo cuanto caracterice la vida del foraneo.

En mi próxima columna, porque en esta solo aspire a presentarme y explicar a groso modo que haré, recibirán mi ‘’First Sight” a la vida de un inmigrante en New York, descubriremos que tan dulce o amarga podría ser la tan codiciada manzana.