lunes, agosto 17, 2009

Sobreviviente con Suerte Millonaria

Por: Kelvin Morillo
Hola Amigos y Amigas
El perseguir la buena suerte en este país es una actividad que ha mutado de simple y eventual entretenimiento a búsqueda constante y obsesiva convertida en “pan nuestro de cada día”. Para muchos es como respirar, alimentarse...Este anhelo acompaña a muchos a la cama; es como si se tratara de una actividad del diario vivir.

El jugar a conquistarla es una de las prioridades aquí, pero muy especialmente para los inmigrantes quienes persiguen el “Gran Sueno Americano”, panacea a sus “urgencias de supervivencia” sin importar qué tan alto sea el costo.

Martha es una de esos inmigrantes. Gran parte de sus años los destinó a “conquistar” la dicha. Y altamente beneficiada porque le sonrió y, parece, decidió descansar en su humilde hogar y premiarla por tan prolongada perseverancia.

Llegó de Colombia hace doce años cargada de sueños e ilusiones. Dejó atrás un hermoso país devastado por la guerrilla e inseguridad ciudadana. Viene a los Estados Unidos para ofrecer a su familia un futuro más promisorio de incontables oportunidades.

En sus años mozos Martha nunca se quejó. Vivió como quiso. Fue propietaria de una lujosa casa, terrenos y una posición pública que muchos en su zona envidiaban.

Era líder comunitaria, portadora de una gran capacidad de manejo de masas, personalidad heredada de su padre quien históricamente encaró ácidamente las posiciones políticas más retrógradas y, en perfil más bajo, la cruenta guerrilla de su pais.

La vida de la colombiana fue exitante en toda la extensión de la palabra. Disfrutaba de viajes alrrededor de mundo, específicamente a Europa, continente que ama y el cual visitó en innumeras ocasiones junto a sus dos vástagos y esposo Manuel.

Todo marchaba súper bien. La vida de la familia era relativamente normal. Sus hijos crecían saludables, asistían a la escuela y realizaban las actividades cotidianas propias de una familia “acomodada”.

Ella tenía un pequeño negocio que atendía junto a su pareja. Ambos enfrentaban los retos y desafíos de la vida en armonía. Para todos, la vida les había favorecido con buenas experiencias. Hasta ese momento no sabían del dolor, pena profunda y la ansiedad. Esas palabras su vocabulario desconocía. Sólo las escuchaban en otros, a quienes definían como desafortunados.

Una tarde de lunes, al caer el sol, su esposo se disponía a salir del negocio familiar. Ese día Martha no trabajó porque sentía malestares causados por su padecimiento de alta presión.

Mientras Manuel se dirigía a casa, un vehículo le interceptó sobre la carretera. La guerrilla lo secuestraba. Lo obligaron a salir del vehículo. Confundido, a penas alcanzó a marcar el número de Martha, quien le escuchó llorar y pedir clemencia. Suplicó le dejaran libre por sus hijos quienes aguardaban. Sin embargo, los secuestradores le tomaron y condujeron hacia rumbo desconocido.

Esta fue la última vez que Martha escucharía la voz de su esposo y experimentaría la sensación de soledad, miedo, desesperación y un dolor que ahora puede describir porque ya era parte de su historia.

Desesperada dio parte a las autoridades, quienes asumieron el caso. Esto no avanzó. Martha jamás supo de su esposo. Nunca conoció su destino final.

Sola y con el apoyo de sus hijos intenta no sucumbir de tristeza y desazón. La familia, ahora compuesta por tres, intenta seguir adelante, desgarrada por la pena y el temor de que esto se repita en otros de sus miembros.

La tranquilidad en este hogar fue interrumpida. La vida cambió drásticamente. Ahora cada movimiento es calculado y todo desplazamiento evaluado; pues temen por sus vidas. En resumidas cuentas, respiran en función de la guerrilla.

Cansada de la situación, Martha toma una decisión crucial que le afectaría por segunda vez. Decide venir a Estados Unidos detrás de un cambio para sí y sus hijos.

Logra le preparen papeles y emprende travesía. Deja sus tesoros a su madre y promete que volvería por ellos.

Armada de valor toca suelo “Norteamericano” con el corazón roto, pues sus amores quedaban a expensas en un país que le destrozó. Sin embargo, la ilusión de alejar a sus hijos de ese ambiente de tristeza e inseguridad le daba la fuerza suficiente para continuar reforzando sus aspiraciones de una vida con mayor tranquilidad y lograr un espacio donde se puedan desarrollar con libertad y sin temores.

Al cabo de los años, ya recuperada, conoce un puertorriqueño que se enamora de ella. Martha, por el contrario, ve la posibilidad de hacer sus papeles, pues los que utilizó para acceder a este país eran falsos.

Ambos inician una relación y deciden matrimoniarse. El por amor y ella por conveniencia. ¡Mayúsculo error!

Con ese matrimonio comienza una historia de maltrato y sufrimiento. El varón era alcohólico, mujeriego y consumidor de sustancias prohibidas.

Martha experimentó con este hombre lo que nuca antes. En ocasiones la golpeó hasta sangrar. Fueron varias las ocasiones que en compañía de una amiga fue al hospital a hacerse curar. Sin embargo, nunca lo denunció por temor a una eventual deportación.

Sufría en silencio. No quería que se enteraran de su sufrimiento.

Durante su unión no hubo momentos de felicidad. Las humillaciones y vejámenes eran prácticas frecuentes. Según Martha las frustraciones eran descargadas sobre ella con particular intensidad. No existía un día en que descansara de tales maltratos. Esta situación le consumía y le abstraía de la realidad que le rodeaba.

Una noche mientras preparaba alimento escuchó un fuerte ruido que provenía del parqueo de la casa. El sujeto alcoholizado acababa de chocar el vehículo que manejaba. Martha percibe, a través de la ventana, que su esposo viene cargado de furia. Pensó que esa noche sería muy larga para ella. No obstante, no imaginaba cuan prolongada y triste resultaría.

Cuando entró a la casa vertió sobre ella todo tipo de insultos. Mientras intentaba calmar el acalorado esposo, éste le propinó tremendo zarpazo que la lanzó sobre el mueble del televisor. Ella corrió hasta su habitación y sin poder contener más la situación, llamó su mejor amiga quien informó al ‘’911’”. Escasos cinco minutos transcurrieron cuando ya en la casa había carros de policía, ambulancias y bomberos. Esto parecía un “thriller” de terror.

Inmediatamente, las autoridades la pusieron a salvo y sometieron al abusador.

Después de esta amarga experiencia, tan dolorosa como aquella que le valió para salir de su país, se muda provisionalmente con su amiga quien le ayuda a encaminar su proceso de legalización por violencia doméstica ya que su esposo no quiso hacer lo propio por ella.

Comienza a cambiar su semblante, su sueño se estaba haciendo realidad. Faltaba escaso tiempo para reunirse con sus queridos hijos. Al cabo de 10 meses le aprueban su petición y felizmente recibe su documento que le acredita como residente legal de los “Estados Unidos de Norteamérica”.

Justo durante este proceso también se entera que había ganado la lotto, convirtiéndose en millonaria en un “abrir y cerrar de ojos”. Martha le pegó al grande de la lotería de New York.
Todo pareciera indicar que el universo conspiró a su favor. Ella, en cambio, dice que Dios obra misteriosamente en la vida de cada individuo. “A veces ocurren cosas que no entendemos, Dios las permite para que crezcamos y aprendamos a valorar las cosas que poseemos. Maduramos de las malas decisiones y renacemos del dolor”, dijo.

Ya con residencia en mano y millonaria, en “dólares”, logró reunirse con sus hijos al cabo de mas de una década. Finalmente alcanza el sueño que tanto sufrimiento le causó.

Y bien amigos, ya me despido, anhelando volver a encontrarme, en otra de mis andanzas, con historias de supervivencia y éxito personal, de manera que podamos seguir apreciando que tan dulce y amarga podría ser la tan anhelada manzana.

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