viernes, enero 15, 2010

Haití: Una Tierra que Destila Agonía



















Entrega Especial

Nacionales Claman Atención Inmediata

Por: Kelvin Morillo
Con una gran tristeza, la misma que embarga hoy día a todo el mundo, escribo estas escasas líneas, divorciándome del formato de mi trabajo periodístico, para asumir una postura frente al desastre natural que sorprendió a nuestro hermano pueblo de Haití. Me atrevo a someter mi humilde y respetuoso criterio de individuo preocupado por el destino de la “gente” y nuestra gran casa: el planeta tierra. Me es casi imperativo aclarar que planteo este punto de vista alejado de cualquier dejo de analista, visos de ambientalista o gurú en conflictos existencialistas.

En esta entrega trato de hacer un ejercicio, alejado tanto como sea posible de la emotividad que deshace mis huesos, lo mas objetivo y racional, partiendo fundamentalmente del caso que nos ocupa y otros sucesos que han despertado gran preocupación en todo el mundo por sus trágicos resultados.

Aún es difícil reponerme del golpe mortal, de la más reciente y fatídica estocada propinada por nuestra madre naturaleza a la empobrecida tierra Haitiana, pareciera ser que se ha ensañado contra su gente por las históricas prácticas “antinarutalistas” que han desgastado el ambiente que les acoge, posiblemente por ignorancia, debilidad o falta de politicas eficientes de conservación, la indiferencia absoluta del resto del mundo, precariedad económica… Todas ellas unidas a otras detonantes que han generado un deterioro del medio ambiente en la nación del Caribe, no adviertiendo que los daños que se producen son acumulativos y cobrados posteriormente de manera retroactiva. La naturaleza “pasa factura”.

Y no es que justifique lo que acontece, de hecho, nada lo justificaría. Y mucho menos responsabilizo por lo acontecido porque la naturaleza es autonoma y tiene sus propios mecanismos de defensa los cuales humanamente no podemos repeler. sin embargo, es sabido por todos del calentamiento global y la amenaza de la vida sobre el planeta. El mundo está en combulsión total, pues está cansado de los abusos y las nocivas prácticas que, irónicamente acomete el ser humano para su subsitencia, olvidando que se está sentenciando a toda la generación a intensos azotes, de los que ya sufrimos por la inclemencia con que responde.

Ver tantos escombros, tantas vidas perdidas, niños al amparo de la soledad; nada de esto tiene razón de ser. Sin embargo, nos debe mover a refleccion sobre nuestro papel en la tierra y cómo proteger los recursos que nos fueron dados como contexto de nuestra existencia. Debemos reconocer que nuestro papel es evolucionar en compañía de nuestro medio; sin él es imposible prolongar nuestra respiración y nos dificularía la convivencia.

No es secreto para nadie que una sociedad edificada sobre principios de conservación enfrenta toda desgracia de manera diferente, posiblemente los resultados no hibiesen sido tan devastadores con un Haití robustecido, la fragilidad de este pueblo no toleró los embates. Habrán de pasar semanas, quizá meses para conocer el alcance de las pérdidas y daños, así como las secuelas de este acontecimiento.

No obstante, algo positivo se sacará de todo esto. “No hay mal que por bien no venga”, aunque parezca dantesco aludir a este refrán, tengo la esperanza de que este país comience a ver la luz, justo la del progreso, debido a que está en estos momentos en los ojos de todos. Ya no hay forma de aludir ignorancia. Se está consciente de su existencia.

Es penoso que el mundo se vuelque ante eventualidades como esta, lo que indica que la desgracia debe estar vigente para que la humanidad se unifique con un fin: trabajar juntos por el bien común y por los que más lo necesiten. Haití debió experimentar esto para advertir que existe un país en el Caribe que merece atención immediata, que no soporta más el desamparo y rechazo, que es un terruño que anhela le tiendan manos solidarias que permitan construir los caminos hacia la dignidad y el progreso.

Debemos vernos en el espejo de Haití ya que nadie esta excento. Estamos conminados a despertarlo del letargo, levantarlo de las cenizas y ayudarle en la consecusion de su “mañana”, de un futuro prometedor para sus habitantes y la tierra que les sostiene. Esta debe ser de ahora en adelante la meta de la comunidad internacional, tomar este desastre natural como punto de partida ya que el mundo conoce las limitaciones y pobreza de esta “Gran Nación” preñada de hombres y mujeres valiosos que con oportunidades y conciencia colectiva puedan hacer realidad un Haití habitable, donde el ser humano y la naturaleza convivan en franca armonía.

Finalmente, me uno al luto mundial y levanto mi voz por este pueblo y su humilde gente. Por la amplia diáspora haitiana que radica a lo largo de los Estados Unidos que aún dezconcen el paradero de sus familiares y amigos; por éstos a quienes la angustia no les permite conciliar el sueño.

Elevo una pleagaria al Dios todopoderoso para que provea de tranquilidad a todos aquellos que perdieron sus seres queridos en este traumático 12 enero del 2010; esa tarde llena de dolor y pánico que marcará la historia. Anhelo que puedan enfrentar sus venideros días con fuerza y conformidad, que reposen su frustación y dolor en las manos de Dios. Suerte Hermanos!

Hasta la próxima entrega

(Foto Cortesía de http://www.holaaoxaca.com/)

1 comentario:

  1. MUY BUEN ARTICULO DONDE REFLEJA LAS PENURIAS DEL HERMANO PAIS Y TU SOLIDARIDAD.
    EXCELENTE TRABAJO.

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